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Revelación de la herencia

Escrito por: 
Pastor Ricardo Herrera

Lucas 15:12 y el más joven le dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de la herencia que me toca. Entonces el padre repartió los bienes entre ellos.

Voy a correr el riesgo de hablarles por un instante acerca de un personaje al que considero una gran inspiración, su nombre no lo sé, me fue presentado simplemente como el hijo pródigo.

En lo personal he llegado a pensar que el hijo pródigo ha sido víctima del mal juicio de gente seca y religiosa que hasta el sol de hoy no acepta que Dios pueda perdonar y usar a alguien como él.

A pesar de que todos conocemos su historia, sus defectos, “su traición”, con el tiempo he llegado a admirar al hijo pródigo y quizá, porque no decirlo, a identificarme con él.

Justifico mi admiración en que si bien es cierto la del hijo pródigo es la historia del corazón amoroso del Padre, para mí no deja de ser también la historia de un hombre que a pesar de estar hundido en el fango del fracaso pudo aprender de sus errores, reconocer que su vida sin Dios no tiene rumbo ni dirección y emprender un penoso y difícil “viaje” de regreso al hogar; y aunque no sabemos cuál hubiese sido el desenlace de su vida tiendo a pensar que el abrazo tierno del Padre al volver cambió su vida para siempre.

Su hermano mayor quien es muy admirado en los círculos de quienes “nunca han fallado” y aparecen frente a nosotros con apariencia de perfectos en su propia justicia y vírgenes de pecado era una persona tristemente amargada.

Representa a cristianos que no pierden un culto o una actividad eclesiástica pero cuyas vidas están apagadas, vacías, viven en un funeral permanente y criticarán hasta lo último a quien se atreva a proponer que la vida cristiana puede ser plena y abundante como la Biblia enseña.

Hoy en día aún se siguen levantando las voces implacables de estos “hermanos mayores” que en vez de alegrarse por el retorno al hogar de algún hijo pródigo se revuelcan en la impotencia religiosa que les resulta el no entender las dimensiones del amor de Dios y que su gracia es más que suficiente para envolver en amor a un hijo que vuelve al hogar sinceramente arrepentido y que al que mucho se le perdona mucho ama porque está eternamente agradecido.

Son muy marcadas las diferencias entre el hijo pródigo y su hermano mayor. El primero poseía la convicción interna de que su posición como hijo le otorgaba también el privilegio de ser heredero. Es cierto, se dejó llevar por los deseos del mundo y fue a parar junto a los cerdos, pero una vez que volvió al hogar sus pecados quedaron olvidados y el Padre le devolvió todo y aún más de lo que había malgastado.

Su hermano mayor por el contrario a pesar de ser posiblemente el primogénito y por ende el que mayores privilegios tendría no tenía revelación absoluta sobre su herencia, esto afectaba su personalidad y su autoestima lo que le añadía una terrible actitud de juicio hacia los demás.

Vivía en casa del Padre pero no gozaba de su abundancia.

Todo lo que tenía el Padre le pertenecía pero él jamás se había atrevió a pedírselo. Estaba en un estado permanente de ocupación religiosa, de crítica, de murmuración y de amargura espiritual.

Cada vez que un pecador se arrepiente hay fiesta en casa del Padre pero este ponía más énfasis en el volumen de la música de la fiesta que en el propósito de la fiesta. No le alegraba lo que alegra al Padre. Aún permanecía en casa de su Padre pero su corazón hacía mucho que se había apartado de Él.

Podríamos agregar más pero no serviría al punto que estamos tratando de explicar y es la necesidad que tiene cada creyente de saberse hijo de Dios y como hijo, heredero y partícipe de todo la abundancia que Dios posee.

Un cristiano conquistador está convencido de que hay una herencia que le pertenece, que es suya, y de que debe pelear para obtenerla. Tiene la certeza de que Dios les ha prometido una tierra buena, de abundancia y bendición espiritual. Esto influye de manera directa en su actitud hacia la vida y hacia los demás. No tiene tiempo que perder, el sabe que tiene una tarea que lograr y está entusiasmado, apasionado, alegre y motivado en fe ya que goza de una cada vez más clara visión de lo que Dios le ha heredado.